El niño que leía tebeos
Había una vez un niño al que no le gustaba escribir.
En un sistema educativo no perfecto, las copias de texto eran extenuantes. Líneas y líneas de texto a copiar, no sabemos bien si de un libro de copias o del libro de lengua.
Pero si le gustaba leer.
Antes de copiar leía y releía el texto a copiar.
Como sus padres estaban ocupados y cansados, leía los cuentos que todos sabemos.
Un día tuvo entre sus manos un libro extraño, lleno de dibujos y texto entre formas redondeadas acabadas en pico, (supo más tarde que se llamaban bocadillos). Y le gustaron. En su época se llamaban Tebeos.
Leía y leía tebeos muy diversos: Mortadelo y Filemón, Rompetechos, el Capitán Trueno, el Jabato, El Corsario de Hierro, Astérix... descartó enseguida a Tintín y a Roberto Alcázar.
Había una colección en especial que le gustaba, se llamaba Joyas Literarias Juveniles. La serie verde, que la azul era para niñas. Julio Verne, Dickens, Dumas, y muchos más autores pasaron entre sus manos y bocadillos. Tampoco faltaban las Hazañas Bélicas dentro de su imaginación.
Cerca de su casa había una tienda, que vendía periódicos y chuches. Allí podía cambiar los tebeos, algunos dicen que por céntimos, otros por una peseta. Leía el tebeo dos veces y subía a cambiarlo por otro. Por lo que leyó muchos y muchos tebeos.
De adolescente, ente libro y libro del sistema educativo (no todos interesantes pero todos obligatorios), empezó a leer a Conan el Bárbaro, una colección de terror, Creepy; los fantásticos 1984 y Cimoc; el variado Totem. Releía Asterix, Mortadelos y Rue del Percebe, mientras que descubría a Poe y Lovecraft. No le gustaban los Marvel.
Ya de joven y adulto tenía que escribir mucho, pero no le importaba. Cuando pasaba por la biblioteca se admiraba de la cantidad de libros infantiles, de cómics y de novelas gráficas (se llaman ahora así los tebeos). Descubrió que de ellos se hacían películas: 300, Persépolis, Sin City, Men in Back, El festín de Babett, Arrugas... Contenían temas diversos, Palestina, amor, fantasía. Y también reproducían libros como las antiguas Joyas, pero con mejor calidad: Patria, 1984, De ratones y hombres, Fariña, Diario de Ana Frank, Ofrenda a la tormenta, Reina Roja, y tantos y tantos más.
Ahora, cuando ve a un niño con un cómic entre sus manos piensa: "Ahí tenemos un futuro gran lector".
Por eso cuando entres en una biblioteca y te acerques a la sección de cómic, alguno se dirigirá a ti y te dirá : "Take On Me -Dame Una Oportunidad-"


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